Por: M. Sc. Yaney Rodríguez Muñoz y M. Sc. Hanoi Guillot Pérez. Profesoras de la Universidad de Sancti Spíritus “José Martí Pérez”.

Los años cincuenta del pasado siglo estuvieron cargados de sueños; una nueva generación de revolucionarios, guiada por un hombre de ideas avanzadas y con una visión del deber casi nunca antes vista, se encargaría de darle un giro a la historia.

Asestó el primer golpe a la tiranía el 26 de julio de 1953, porque “[…] parecía que el Apóstol iba a morir en el año de su centenario […]”; esos jóvenes iniciaron una gesta que daría continuidad a las luchas de etapas anteriores, bajo el único objetivo de lograr la total independencia de Cuba y cumplir el sueño de Martí; por ello desarrollaron toda una estrategia en la que la unidad de todas las fuerzas estaría bajo la dirección del MR-26-7 y su brazo armado el Ejército Rebelde.

Fidel siempre estuvo consciente del inmenso desafío que tenía por delante; pero lo emprendió con valentía, decisión y todo el optimismo del mundo. En esos días de enero de1959 su fe en la victoria era confirmada por los hechos. La Caravana de la Libertad recorrió la Isla de pueblo en pueblo, de Oriente a Occidente y los jóvenes barbudos, con su líder al frente, le dieron a Cuba la tan ansiada esperanza.

Fidel multiplicó el tiempo para hablar en cada ciudad donde tuvo la oportunidad, para departir con los cubanos que lo vitoreaban en su paso hacia la capital. Y en ese camino triunfal, llegó a la tierra del Yayabo, Sancti Spíritus, cuna de hombres como Honorato del Castillo Cancio y Serafín Sánchez Valdivia, el 6 de enero de 1959.

El lunes 5 de enero, los barbudos entraron a las tierras de la actual provincia de Sancti Spíritus, la cuarta villa fundada en el país. El primer poblado que los recibió fue Jatibonico, donde una multitud, situada sobre el paso superior del ferrocarril, aplaudía y aclamaba. El Comandante de la Revolución Juan Almeida, tiempo después, relató al respecto:

“[…] El pueblo desbordado de alegría nos recibe a ambos lados de la carretera que atraviesa este poblado. […].

Después de recorrer un largo tramo, ya oscuro, las luces de los carros nos permiten ver la mole de hierro del puente sobre el río Zaza. Tarde en la noche de este lunes 5 de enero, arribamos a la ciudad de Sancti Spíritus. Llegamos al parque Serafín Sánchez Valdivia. A pesar de la lluvia y el frío, otra vez se hace patente la admiración, el cariño y la alegría del pueblo. Pasada la medianoche, desde los balcones de la Sociedad El Progreso, Fidel le habla.”

Como regalo de reyes, fue aquella entrada triunfal a Sancti Spiritus de la caravana de barbudos, guerreros con aroma de manigua, pelos largos y collares de semillas, aquel martes 6 de enero, con Fidel al frente. Desde horas tempranas de la noche, los habitantes se congregaron en el parque Serafín Sánchez Valdivia para esperar al líder de la Revolución, quien llegó aproximadamente a la una de la madrugada.

Era una noche fría y de lloviznas; sin embargo, eso no amedrentó a la gente sencilla que esperaba a su comandante. Ese día es recordado con especial emoción por todos aquellos que lo vivieron. Para José Ramón Polanco, quien en aquel momento contaba apenas con 15 años de edad y era estudiante de la especialidad de Mecánica, en la Escuela de Artes y Oficios, la vida de pronto había dado un enorme vuelco.

“[…] Como a la una y treinta de la madrugada […] se bajó Fidel de un blindado y lo subieron hacia el edificio de la Sociedad El Progreso —hoy Biblioteca Provincial Rubén Martínez Villena—, mientras todo el mundo gritaba: “¡Fidel!, ¡Fidel!”, y de la multitud enardecida salía un clamor tremendo […] Yo me mantuve abajo. La gente pedía a gritos que Fidel hablara y, al poco rato, él se asomó a un balcón del edificio y habló. Pronunció un discurso muy emotivo, memorable.”

Luis Morales Pina, Moralito, jefe de Acción y Sabotaje del Directorio Revolucionario 13 de Marzo, y presidente de la Federación de Estudiantes de la Segunda Enseñanza en Sancti Spíritus, “[…] afirma que su vida tuvo un antes y un después en aquellos días finales de diciembre de 1958 e inicios de enero de 1959, cuando los acontecimientos se sucedían a un ritmo acelerado y cada suceso tenía un efecto trascendente”. Y añadió:

 Llegó un momento en que Fidel, rodeado de gente mayor, preguntó dónde estaban los están los estudiantes, y entonces alguien miró en derredor y dijo: “Mire, allí”, señaló para mí y me llamaron.

Yo me acerqué y cuando estuve a su lado lo primero que hizo fue ponerme una mano en el hombro y expresó: “Dicen que sin azúcar no hay país —que era un eslogan famoso en la Cuba de aquellos tiempos—, pero de ahora en adelante, con azúcar o sin azúcar, tiene que haber país y si no tenemos frijoles tendremos malanga, y si no tenemos malanga, tendremos calabaza, y si no tenemos calabaza, tendremos yuca…”.

Aquellos fueron momentos inolvidables, de esos que solo se viven una vez en la vida y no todos tienen un privilegio de esa dimensión. Para mí constituye un don del destino que 54 años después podamos estar evocando esa proeza con la Revolución en el poder y sus promesas cumplidas.

Ya sobre las dos de la madrugada, en medio de la algarabía y aplausos, el héroe cubano, Fidel, comenzó su alocución. Inició su discurso con una frase que conquistó el corazón de la multitud: “No podía ser para mí, esta ciudad de Sancti Spíritus, una ciudad más en nuestro recorrido”. Y añadió:

“Si las ciudades valen por lo que valen sus hijos, si las ciudades valen por lo que se han sacrificado en bien de la patria, si las ciudades valen por el espíritu y la moral de sus habitantes, por el fervor de sus hijos, por la fe y el entusiasmo con que defienden una idea, Sancti Spíritus no podía ser una ciudad más. Y si las ciudades se admiran y los pueblos se quieren por lo que han tenido de fe en las horas difíciles, es lógico que hacia esta ciudad, como hacia otras, especialmente en nuestra patria, sintamos nosotros especial cariño”.

El veterano del Ejército Rebelde Alcibíades Aguiar, quien formó parte de aquella marcha triunfal, recordó cuando Fidel reconoció la valentía de esta localidad al expresar que fueron muchos los oficiales de la región que se habían distinguido en la lucha contra Fulgencio Batista.

El líder de la Revolución revivió, en medio de la algarabía, el fervor y la alegría de esta tierra yayabera, parte de la historia Patria y toda la ignominia vivida: “[…] es que el pueblo comprende que por primera vez, desde la llegada de Cristóbal Colón, hace 400 años aproximadamente, ¡por primera vez va a haber una revolución en Cuba”. Y precisó: “Esta vez —y eso es lo que comprende el pueblo al cabo de cuatro siglos—, por primera vez un pueblo manda; por primera vez los hombres que tienen las armas en la mano se inclinan reverentes ante el pueblo de Cuba”. En sus palabras el jefe de la Revolución alertó: “Es bueno que los pueblos no olviden, para que no vuelva nadie más a escribir: Cuba, país de poca memoria. Lo que vamos a escribir la próxima vez es: Cuba, país de mucha memoria […]”.

“[…] El triunfo de esta Revolución es una reparación moral, no solo para los que han caído en esta lucha. Pienso con satisfacción que el triunfo de esta Revolución será la realización no solo de los sueños de los hombres de nuestra generación, sino también de los sueños de la generación que se sacrificó en la lucha contra la tiranía de Machado y la realización de los sueños de nuestros libertadores que no están realizados todavía.”

El Comandante alertó acerca de lo difícil que podría ser cada etapa de la Revolución, la importancia de la unidad, el apoyo de todos a cada tarea del proceso y, también, sobre la labor que el enemigo realizaría para obstaculizar el camino trazado por el pueblo y su gobierno:

“[…] el pueblo no se puede dormir sobre los laureles; que el camino que tenemos por delante es un camino largo y duro; que la Revolución en su etapa constructiva no será un paseo; […]; que toda obra justa encontrará resistencia; que el enemigo agazapado, […] tratará de poner en nuestro camino todos los obstáculos, se asociará con cuantos enemigos de Cuba pueda encontrar y estaremos en la obligación de mantenernos siempre alertas, siempre en guardia; […]; que agotará todos los medios por sembrar la muerte entre los dirigentes de la Revolución, lo que no será en definitiva, tan difícil, porque nosotros nunca nos sustraeremos al contacto del pueblo.

[…]. Todos los peligros que una revolución tiene en su camino los tendremos que afrontar, tal vez amenazas extranjeras, tal vez agresiones extranjeras; pero frente a todo ello, hay, sin embargo, una inconmovible fe; la fe que nace de dos cosas: de la confianza que tenemos en nosotros mismos y de la confianza que tenemos en nuestro pueblo.”

Una de las características de nuestro proceso es que en todo momento ha sido marcado por una profunda democracia y ese ha sido el pensamiento perenne de Fidel Castro, desde que se inició en la lucha por la independencia y esas ideas se las trasmitió a los espirituanos aquella madrugada fría pero llena de calor y fervor revolucionario:

“[…] Yo creo que los hombres públicos deben estar en consulta permanente con su pueblo […]

Cuando nosotros queramos saber lo que quiere el pueblo, basta con venir a hablar con el pueblo.

[…]

Para saber lo que el pueblo quiere, no hay más que venir a hablar con el pueblo, y esa será siempre nuestra línea de conducta; y el día en que yo no pueda pararme delante del pueblo, el día en que no pueda discutir con el pueblo, ese día para mí habrá terminado toda misión y toda función de carácter público.

[…]

[…] El gobernante que fuese capaz solamente de saber escuchar al pueblo, sería un formidable gobernante […].”

Fidel en sus palabras expuso que lo prometido en el Programa del Moncada se haría realidad, pero las primeras medidas que se tomarían se iniciarían en la Sierra Maestra en homenaje a que allí se inició la Revolución y entonces se trasladarían a todo el país, con ellas se lograría formar un nuevo cubano culto y virtuoso:

“Volveré primero que nada a la Sierra Maestra, ya no en plan de guerra, sino en plan de paz; […] a llevar algo, a hacer algo por ellos, a empezar a cumplir lo mucho que les hemos prometido […] Vamos a empezar a hacer por ellos lo que ellos esperan de nosotros.

[…]

A lo primero que voy a tener el gusto de dedicar mi esfuerzo, junto con otras muchas cosas, es a hacer la primera ciudad escolar, con el propósito de que pueda albergar y educar, dentro de los más modernos sistemas de la pedagogía, […] 20 000 niñas y niños. […].”

La idea de independencia total la ratificó cuando expresó: “Aquí no tenemos que pedirle permiso a nadie para hacer nada, aquí vamos a hacer lo que le convenga a Cuba en todas las circunstancias, y nuestro derecho sabremos defenderlo […]”.

La reafirmación del grito mambí —¡que viva Cuba libre!—, con que Fidel concluyó su discurso, le daba continuidad a la obra revolucionaria y fue acogido por centenares de hombres y mujeres que, a pesar de la llovizna y el frío, vivieron aquel momento inolvidable de tener, por primera vez, a Fidel en su tierra.

De la ciudad de Sancti Spíritus partió la Caravana rumbo a Santa Clara ese 6 de enero; en su recorrido se tuvo que desviarse unos quince kilómetros del eje longitudinal de la Carretera Central y cruzar por el batey del entonces central de los Rionda, como consecuencia de que el 21 de diciembre pasado, comandos revolucionarios habían derribado el puente de La Trinchera, en la vía central, sobre el río Tuinucú, durante las acciones realizadas para la toma de Guayos y Cabaiguán, lo cual había dejado incomunicado Sancti Spíritus de esos pueblos y de Santa Clara. Sin embargo esto no impidió que los barbudos pasaran llenos de sueños por Guayos y Cabaiguán, tierra de tabaco cultivado en su mayoría por isleños (de Canarias).

La entrada de la Caravana en Sancti Spíritus fue un sueño hecho realidad. Era la primera vez que el líder de la Revolución visitaba tierras espirituanas y ello marcó el inicio de las grandes transformaciones en la región, reafirmó la confianza del pueblo en aquellos jóvenes que con una ilusión llevaron la luz de la libertad a toda la Isla y estableció un compromiso de ambas partes con el propósito de hacer realidad la promesa del Moncada.

El Gobierno Revolucionario, con Fidel desde el cargo de primer ministro, asumido el 16 de febrero, inició el cumplimiento de las promesas expuestas en el Programa del Moncada, expuesto en su alegato de autodefensa, conocido como La historia me absolverá.

Como parte de las acciones que se acometieron para comprobar la marcha de las transformaciones en diferentes lugares del país, el Comandante en Jefe inició un recorrido por varias regiones y volvió a tierras espirituanas; de esa manera cumplió lo que había expresado en su discurso aquel 6 de enero de 1959: “No será esta la única reunión, aquí volveremos. […]”.

Así, el 12 de agosto de 1959, el líder de la Revolución Cubana llegó a Trinidad, acompañado de Camilo, Celia y otros oficiales del Ejército Rebelde, para echar por tierra el intento del dictador dominicano Rafael Leónidas Trujillo de derrocar la Revolución. Ese 13 de agosto Fidel cumplió sus 33 años de edad en tierras espirituanas. Aquel día señaló que la victoria sobre el trujillismo era una importante victoria revolucionaria y una señal de los tiempos que vendrían.

Ante el empuje de la Revolución y el desarrollo de las obras de beneficio social, así como las perspectivas de un avance propio, el 11 de diciembre de 1959, los periódicos reseñaron su primera visita a la zona de Jatibonico, al poblado de Cristales en el centro del país, donde existían posibilidades para la industria petrolera. Allí conversó con obreros y directivos, saludó a los lugareños, preguntó, sugirió, se preocupó por las condiciones de labor de los trabajadores y prometió que el Gobierno iba a aportar los recursos para desarrollar una investigación geológica que permitiera definir las potencialidades de aquel territorio.

Los años 1960-1961 fueron testigos de la presencia de Fidel en estas tierras durante la Lucha contra Bandidos, sobre todo en la llamada limpia del Escambray, que lo llevó a que, a finales de 1960, se presentara en el cuartel de Cabaiguán para coordinar acciones contra una banda que operaba en la zona de Manaquitas, allí después de la acciones constituyó la granja del pueblo Noel Sancho Valladares.

Las medidas de la Revolución provocaron la reacción de grupos opositores, que actuaron contra los campesinos y los maestros voluntarios que cumplían con el deber de llevar la luz de la enseñanza a los campos cubanos, consecuencia de ello fue el asesinato del maestro voluntario Conrado Benítez. Al conocer el hecho, el líder de la Revolución se dirigió al lugar y se incorporó a las acciones contra la banda de Osvaldo Ramírez García, responsable de ese crimen.

El Escambray fue centro de constantes visitas del Comandante también para analizar aspectos medulares de la región tales como la producción lechera, ganadera y forestal, el estado de los caminos y el desarrollo del plan del río Agabama, sitio donde vio la posibilidad de construir una hidroeléctrica con vistas al regadío en la zona de Fomento y Trinidad para impulsar el cultivo de caña, tabaco y pastos. También se preocupó por la educación; en esta dirección, cabe destacar la visita del 18 de julio de 1966 a la escuela formadora de maestros Makarenko, donde realizó una intervención ante los maestros y estudiantes. En sus palabras se evidenció un gran optimismo y confianza en la formación de los maestros cubanos, de los nuevos maestros, al respecto declaró: “[…] Necesitamos formar un tipo de maestros capaces de ir a enseñar no solo en el pico Turquino, sino maestros capaces de estar dispuestos a enseñar en cualquier parte del mundo donde un pueblo hermano los necesitase. Y es este el tipo de maestros que queremos formar, que aspiramos a formar y que creemos que estamos formando”.

En esta zona también analizó las posibilidades del desarrollo del turismo, el desarrollo turístico de la propia zona del Escambray a partir de la construcción de un hotel en la zona de Ancón, playa que debería convertirse en nuestro Varadero del sur.  Otras urgencias a resolver en esa zona eran los problemas del transporte y la salud, y Fidel prometió encontrar las soluciones.

Ante el desarrollo de la agricultura en Cuba y la política de la inserción femenina al trabajo y a todas las obras de la Revolución, se organizó en el territorio el conocido Plan Banao, proyecto agrícola con novedosa tecnología y alta productividad, en el cual Fidel se involucró, pues se preocupaba por la productividad y el papel que jugaba la mujer; así el 1 de septiembre de 1966, arribó a la zona y chequeó los planes de producción de fresas, cítricos y cebolla, así como la incorporación femenina al trabajo.

Yaguajay es el sitio donde la presencia de Camilo se eternizó; allí, en el fragor de la lucha insurreccional, les prometió a los habitantes de Meneses una escuela. Fidel visitó ese poblado, los pobladores le recordaron la promesa de Camilo, a lo que Comandante respondió: “[…] si es una promesa de Camilo hay que cumplirla y si les parece bien yo vendré a inaugurarla […]”. El 15 de septiembre de 1971, el líder de la Revolución dejó inaugurado el seminternado de primaria Héroe de Yaguajay. Ese día, en su discurso expuso algunas de sus ideas esenciales relacionadas con la educación de las nuevas generaciones y la forma en la que se debía realizar; resaltó una vez más la necesidad del vínculo del estudio con el trabajo cuando señaló:

Bloque […] Queremos que nuestra educación sea cada vez superior. […]

¿y qué podemos concebir nosotros como una educación superior? ¿Qué tipo de jóvenes quieren ustedes que se eduquen aquí? ¿Qué tipo de nueva generación? Una generación bien educada, de trabajadores, de comunistas.  

[…]

Y educar es educar para el futuro, educar para vivir en esa sociedad comunista […].

Las cortinas de las presas Legibre y Zaza habían tenido varias dificultades ante las intensas lluvias; por ello, el 12 de junio de 1969, Fidel llegó a Santi Spíritus, para evaluar el peligro que significaba una posible rotura de la cortina de la primera, en esos momentos en construcción. Esta preocupación fue constante y se evidenció también en octubre de 1999, ante las precipitaciones asociadas con el huracán Irene, el llenado de la segunda e inundaciones en los poblados de Tunas de Zaza y El Médano. Por primera vez en Cuba, orientó que se destinara el hotel Zaza a la atención de los damnificados, sobre todo, de embarazadas y madres con niños pequeños.

La producción cañera es la esencia agrícola de la provincia; de ello se preocupó Fidel en persona. Entre el 28 de febrero y el 2 de marzo de 1971, estudió el proyecto del pueblo cañero en la zona del central  FNTA, en Trinidad también chequeó la posible construcción de la presa y la hidroeléctrica sobre el río Agabama, así como la necesidad de construir y reparar los viales en los poblados de la zona.

El crecimiento económico de la provincia era muy importante para sus pobladores y para el país; constituía una urgencia desarrollar la producción de materiales de la construcción en Cuba. Por ello, al detectarse los yacimientos de materias primas en el poblado de Siguaney, se decidió la construcción de una fábrica de cemento en ese lugar; así, el 16 y 17 de septiembre de 1971, Fidel evaluó con Faustino Pérez la marcha de la construcción de la referida fábrica y también de la presa Zaza; además, visitó la vaquería Primera del Yayabo y el combinado de productos alimenticios Río Zaza.

El 26 de julio de 1986, con motivo de las conmemoraciones por aquella fecha gloriosa, Fidel les habló a los espirituanos en la Plaza de Los Olivos; en su discurso exaltó los logros de la provincia en la agricultura, la industria, la producción azucarera, el ferrocarril, el turismo, la cultura, la construcción, el deporte y la educación. Al respecto, llamó a dar un salto en la calidad de la enseñanza y declaró: “[…] Es una necesidad del desarrollo y una necesidad del futuro del país que exijamos cada vez más en la educación”. Asimismo, alertó sobre la importancia de la lucha contra las tendencias negativas que ya se presentaban en la vida socioeconómica de la nación y planteó al respecto: “Tenemos que hacernos el propósito firme de superar todas esas tendencias negativas y hacer un esfuerzo, dar un salto de calidad en la Revolución, entonces verán cuántas más cosas hacemos y podemos hacer, y mejor hechas; es, además, una necesidad, no solo moral, es también una necesidad económica más que nunca”.

En sus palabras retomó la idea que había expresado el 6 de enero de 1959, de que Sancti Spíritus no podía ser una ciudad más y resaltó su lucha heroica en todas las etapas:

“[…] en esta provincia se respira aire de lucha, aire de historia, aire de leyenda. […].

Aquí se puede hablar de patriotismo, aquí se puede hablar de firmeza, aquí se puede hablar de heroísmo, aquí se puede hablar de valentía, aquí se pueden desafiar todos los riesgos, todos los peligros, aquí se puede hablar de dificultades […]”.

Como parte de las celebraciones se inauguraron en la provincia obras sociales y económicas, razón por la cual, el 27 de julio de 1986, Fidel visitó el hospital provincial Camilo Cienfuegos y lo dejó inaugurado. También estuvo en la Facultad de Ciencias Médicas, las obras que formaban parte del conjunto hidráulico que triplicó el suministro de agua al acueducto; la Escuela de iniciación deportiva (EIDE) provincial; el antiguo hospital que se restauraba para convertirlo en hospital materno infantil y el puente sobre el río Yayabo, donde saludó y conversó con los vecinos.

Durante los días 5 y 6 de mayo de 1989, realizó varios periplos por la provincia, inauguró varias obras y valoró la marcha de otras; en aquella oportunidad asistió al Centro Nacional de Enfermedades de las Abejas, donde felicitó sus trabajadores por el esfuerzo realizado y las posibilidades que tenía el centro para aportar a la salud humana y animal. También estuvo en el municipio de Fomento donde pasó por el policlínico, un consultorio médico, el gimnasio fisioterapéutico, la clínica estomatológica y un aula docente profiláctica. Más tarde llegó a la autopista nacional y los puentes elevados. Igualmente arribó a los municipios de Jatibonico y Taguasco, sitios en los que examinó el Combinado de Hormigón Ligero y la Fábrica de Cemento Siguaney, donde se preocupó por la línea de elaboración de cemento blanco. Sus andanzas culminaron en un acto de masas en la Plaza de la Revolución Serafín Sánchez.

Las ideas expuestas por el Comandante en dicho acto estuvieron dirigidas al reconocimiento del avance que había tenido el territorio en ese tiempo, por lo que señaló que lo alcanzado en la fábrica de cemento Siguaney era de “[…] una importancia estratégica para el país […]”. Al concluir su intervención, el líder de la Revolución expusoSe está trabajando muy serio y ustedes son parte de este esfuerzo, por eso los felicitamos y esperamos que el pueblo de Sancti Spíritus, al igual que nuestra Patria, tenga el futuro que se merece”.

El 28 de septiembre de 1996, Fidel habló a los espirituanos en un acto de masas en la Plaza de la Revolución Serafín Sánchez Valdivia con motivo del 36 aniversario de los Comités de Defensa de la Revolución (CDR); sus palabras iniciales estuvieron dirigidas a felicitar al pueblo por los logros obtenidos: “[…] Sancti Spíritus no tuvo el 26 pero ha tenido el 28. […] por su excelente trabajo en este periodo […] Realmente creo que ustedes se merecen cualquier reconocimiento; […] de modo que este acto es un reconocimiento a dos partes: a los CDR y a Sancti Spíritus”.

También el Comandante recordó una vez más las ideas expuestas aquel 6 de enero de 1959 cuando expuso:

“Se hablaba aquí […] del centenario de la caída de Serafín Sánchez […] Sobre ese acatamiento que recordaba “la orden de continuar la marcha”, nosotros podemos decir que Sancti Spíritus ha continuado la marcha de Serafín Sánchez; que el pueblo de Cuba ha continuado la marcha de Serafín […] y de todos aquellos hombres grandes e ilustres que con orgullo constantemente recordamos […]

Con el inicio de la Batalla de Ideas, tras el secuestro del niño Elián González y el reclamo del pueblo cubano para lograr su regreso a Cuba, se iniciaron las tribunas abiertas en toda la Isla y el 25 de mayo del 2002, Sancti Spíritus tuvo el privilegio de realizar la suya, con la presencia de Fidel, quien tuvo a su cargo las palabras centrales y dejó bien sentado que la lucha de los cubanos no sería jamás contra el pueblo de Estados Unidos, al tiempo que ratificaba que el cubano era un “[…] pueblo amistoso, solidario y generoso”.  Fue esta su última visita a la provincia espirituana.

El tributo en el regreso a la tierra yayabera

El 25 de noviembre del 2016, cuando el general de ejército Raúl Castro, primer secretario del Comité Central del Partido Comunista de Cuba, anunció el fallecimiento del líder de la Revolución, Cuba entera se vistió de luto y Sancti Spíritus se sumó al homenaje, al tributo que se organizó en la Isla. Entre los días 28 y 29 de noviembre de ese año, los espirituanos depositaron una flor ante la imagen del líder en la sede del Comité provincial del Partido Comunista de Cuba y se firmó el juramento de ser fieles seguidores al concepto de Revolución expresado por el recién fallecido revolucionario.

El 1.o de diciembre un río de pueblo esperaba para despedir al Comandante eterno, a su paso por toda la provincia las flores y banderas estuvieron presentes, los rostros consternados, su nombre en la frente de los niños y la seguridad en el alma de que ni la muerte lo podría arrancar del corazón de estos hombres, de este pueblo, de esta Revolución. En el Parque Serafín Sánchez se volvieron a escuchar aquellas palabras del 6 de enero de 1959 que le dieron impulso a la Revolución y que volvieron realidad los sueños. La universidad de la provincia, José Martí Pérez, no estuvo ajena a este tributo y junto a su pueblo participó en todas las actividades organizadas, no solo en aquel momento sino en todos acontecimientos.

Desde que Fidel regresó a Sancti Spíritus en el propio año 1959 para derrotar la conspiración trujillista, se mantuvo junto a los yayaberos en todo el proceso de transformación que ocurría en el territorio y fue fuente de inspiración, a la vez que protagonista, junto al pueblo, de cada uno de los logros que se iban obteniendo. Hoy, junto a su ejemplo y su recuerdo, atesoramos la guayabera blanca que utilizó en la Cumbre de Cartagena de Indias, Colombia, en junio de 1994, y que donó a la Casa de la Guayabera espirituana.

 

Fidel Castro Ruz: presencia y perdurabilidad en Sancti Spiritus.

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