Por: José F. Echemendía Gallego. Profesor de la UNISS
Hace muy poco el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump firma una orden ejecutiva para regular el funcionamiento de las plataformas de Internet y las redes sociales. El conflicto se origina a partir de que su red preferida, Twitter, censurara dos tuits suyos por ser tendentes a promover situaciones que no son ciertas, en ocasión de que el inquilino de la Casa Blanca refiriera que el voto por Internet podía ser potencialmente fraudulento.
El señor “emperador” está muy molesto, al punto de amenazar con cerrar definitivamente su cuenta en la mencionada red social, algo que probablemente sea muy favorable para el resto de los internautas que hacen uso de ella; pues los liberará de consejos tan descabellados como el de administrarse desinfectantes para la cura de la COVID-19.
Lo que nos queda claro es que la llevada y traída “libertad de expresión” será, como siempre, manipulada según los intereses de los poderosos; cuando se han censurado cuentas de organizaciones cubanas, o de cubanos que defienden la Revolución; ni una sola palabra de inconformidad, pero cuando fue con él, todo cambió; ahí está la prueba.

¿Y qué hay de la libertad de expresión?

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