Se ha marchado, sin que lo quisiéramos, una de las personas que sintió que esta universidad era también su casa porque, además de ser uno de sus fundadores, se destacó como profesor y directivo en disímiles escenarios de actuación.

Hombre culto, inteligente y talentoso; cuestionador y crítico; acérrimo polemista en temas de política nacional e internacional; amante del deporte y de la cultura, y defensor, a toda costa, de nuestra identidad y de la Revolución Cubana.

Quienes formaron parte de su círculo de amistades, o aquellos que compartieron algún espacio en el que el trabajo los unió, saben de su entrega incondicional, su responsabilidad sin límites o su sacrificio a pesar de cualesquier dolencia o problema; valga recordar su quehacer en la formación de profesores en la Salvador Allende, de La Habana, al llamado de Fidel a principios de este siglo.

Muchos detalles valiosos forman parte de una vida truncada a los 65 años, cuando aún su sapiencia y empeño estaban dispuestos para contribuir a que siguiera dando lo mejor de sí, a pesar de su reciente jubilación.

La triste verdad nos lleva a reflexionar sobre una frase del teólogo y matemático  inglés William George Ward: “El pesimista se queja del viento; el optimista espera que cambie; el realista ajusta las velas”, porque José Francisco Echemendía Gallego siempre fue un hombre realista.

Sabemos que estás entre nosotros