José de la Luz y Caballero (1800-1862), notable pensador cubano, cuya obra es imprescindible para encontrar las raíces que hicieran nacer el sentimiento de identidad nacional en Cuba.

Por: José F. González Curiel

Lo lógico es lo histórico rectificado y el mejor modo de enfrentar las problemáticas del presente, es estudiando detalladamente la manera en que las generaciones pasadas las enfocaron y las resolvieron hasta donde les fue posible.

No están agotadas aún las posibilidades del estudio de las innumerables fuentes del saber que en el pasado se pronunciaron sobre asuntos vitales de la teoría y la práctica desde una perspectiva novedosa y que funcionan hoy, perfectamente, como parte de la herencia de la que debemos beber en la actualidad.

Tal es el caso de José de la Luz y Caballero (1800-1862), notable pensador cubano, cuya obra es imprescindible para encontrar las raíces que hicieran nacer el sentimiento de identidad nacional en Cuba.

La Ilustración fue el movimiento que inició y consolidó, de una forma revolucionaria, aquellos ideales progresistas; y su fruto más elocuente fue el nacimiento de una generación de patriotas que formaron el sentimiento independentista desde las propias escuelas. En las manos de Luz y Caballero crecieron los sentimientos de amor a la Patria entre los que más tarde se lanzaron a la manigua redentora e iniciaron las luchas contra el colonialismo español.

Durante el siglo XVIII se dan algunos cambios de importancia en la sociedad cubana que originan otros en la superestructura. El hatero ganadero se va transformando gradualmente en plantador, surgiendo de este modo una burguesía que se dedica, en lo fundamental, al cultivo de la caña de azúcar, apoyándose para ello en la introducción de mano de obra esclava. Ello tuvo su reflejo en la creación de otras instituciones que respaldaron la necesidad de esos cambios, entre las cuales se pueden mencionar la Real Compañía de Comercio de La Habana, la Sociedad Económica de Amigos del País y el Seminario de San Carlos y San Ambrosio.

La plantación es la actividad económica fundamental que marca el paso a finales del siglo XVIII y principios del XIX, con su correspondiente repercusión en la vida política, cultural y social del país; pero esta no significó capitalismo,   esclavismo ni feudalismo puros, fue solamente una vía, anómala y retrasada, hacia el capitalismo; un subsistema transicional por lo que no se ajusta a ningún sistema clásico.

La burguesía esclavista, interesada en llegar a convertirse en una burguesía industrial con gran poderío y abundantes riquezas, era la fuerza más dinámica de la sociedad esclavista cubana. Para realizar sus sueños necesitaba, lógicamente, introducir una serie de transformaciones en todas las esferas del país, buscar nuevos métodos productivos, lo cual no se podía hacer sin científicos y técnicos capaces de colaborar en estos fines. En la mentalidad de esta clase aparece la idea de un imprescindible progreso para la Isla; se pronunciaba a favor de producir más con menos fuerza de trabajo a partir de la introducción de medios y métodos avanzados.  

La pequeña red educacional con que contaba nuestro país, que había sido creada bajo las necesidades y las exigencias de una mentalidad feudal típica del hatero ganadero cubano, respondía íntegramente a instituciones de la Iglesia Católica. Todo lo que se enseñaba se hacía bajo los viejos cánones medievales.     

Ciencia, técnica, enseñanza, progreso cultural e independencia, son todas caras diversas de una misma moneda que se transparentan en el modo de filosofar. 

El Seminario de San Carlos y San Ambrosio fue la trinchera que le sirvió a los ilustrados cubanos para enarbolar las reformas que en todos los órdenes necesitaba el país. La filosofía, como expresión cosmovisiva de los intereses de los sectores más progresistas de la sociedad cubana de este período, no es la excepción.

Las obras, los discursos, las conferencias y todo el quehacer intelectual de Luz, bajo la influencia directa de Varela, Saco y otros patriotas que le antecedieron, forman un conjunto donde encontramos elementos de Filosofía, de divulgación de las ciencias y de esfuerzo por elevar el nivel cultural de los sujetos como vías que conducen al perfeccionamiento del hombre y del cuerpo social.

De igual manera, en sus lecciones aparecen tratados, y con suma frecuencia los adelantos de los que se iban teniendo noticias en el mundo de las demás ciencias. Dentro de los elementos de física, o doctrina sobre los cuerpos en el mundo sensible, se pueden encontrar –dentro de las propias lecciones de filosofía que impartían- aspectos relacionados con descubrimientos de la biología, la astronomía, la química o la propia física, etc. Lo importante era enseñar, ilustrar, difundir la ciencia como esfuerzo por cumplir con las demandas de su país y de su tiempo.

Punto muy importante en todo su quehacer lo fue el intento de buscar un hombre multilateralmente desarrollado, culto y virtuoso, ajustado a las normas morales que dictaban las leyes de Dios y las leyes de la sociedad.

Afirmaba Luz y Caballero: “… a mis ojos y en mis manos la instrucción no es el fin, sino el medio de la educación, cuyo santo objeto es hacer a los hombres más sabios, para hacerlos más hombres”.

Condición indispensable del tratamiento de las cuestiones del hombre y la sociedad lo fue, sin dudas, la formación de los sentimientos patrios. ¿Qué elementos justifican entonces los esfuerzos de esta generación por cambiar radicalmente la enseñanza de la época?

La primera tarea que desplegó Luz y Caballero fue la de cambiar el criterio de autoridad por experimentación, investigación,  observación y racionamiento. Las demandas de su tiempo le exigían una enseñanza que priorizara la búsqueda de nuevos conocimientos, más allá de creer en la palabra de Dios o de los Santos Padres.

Se fue fomentando así un sentimiento que prendió en la juventud estudiosa de la época dirigido a introducir el análisis experimental y el ejercicio de la razón para llegar al conocimiento eficiente y el replanteamiento del lugar de Dios y sus relaciones con el hombre y el mundo.

Si bien ha de entenderse que Dios es creador y criador del mundo, hay que entender también que prefirió entregárselo a los hombres para que lo ajustaran a sus propias leyes. Es decir, no todo puede confiársele a la autoridad divina.

Luz se replantea, con toda razón, el lugar del hombre en el mundo, proyectando un humanismo de avanzada para su época en tanto le dieron un lugar especial a la actividad humana y un determinado papel en la búsqueda del conocimiento, de la verdad, de la ciencia, del progreso y de la conducta social correcta para hacer un hombre más perfecto.

La simbiosis filosofía- ciencia- enseñanza, propuesta por Luz y Caballero como camino para lograr el progreso de la sociedad y del hombre de su tiempo y de su contexto, fue la muralla contra la cual se destrozó el aparato ideológico del escolasticismo, afectando de forma radical toda la estructura social cubana de su época.  Su grandiosa obra minó los soportes sobre los que descansaba el dominio colonial en la medida en que fue abriéndose paso a través de todo el siglo XIX cubano y preparó ideológicamente a los que más tarde se lanzaron a la manigua en busca de la independencia y del definitivo proyecto social ilustrado. 

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