¿Por qué no nos rendimos?

¿Por qué no nos rendimos?

Por: José Echemendía Gallego
En consonancia con la actitud reasumida por el gobierno de los Estados Unidos con respecto a Cuba, vean que digo “reasumida”, porque ha sido la misma que han decidido poner en práctica 12 administraciones diferentes en 60 años de enfrentamiento –por decisión unilateral- con la Revolución Cubana; de ahí que en diferentes partes del mundo se hacen una pregunta, con toda lógica, quiénes son esos isleños que resisten tanto, por qué han podido durante tanto tiempo oponerse con tanta firmeza y tenacidad, casi rayana con la obstinación a las presiones y acoso de una nación tan poderosa.
Voy a tratar de satisfacer esa curiosidad con los argumentos que conoce uno de esos isleños, tozudo y perseverante, desde el propio triunfo de la Revolución: Fidel Castro, líder político y militar en la Isla, nos enseñó la importancia de la historia para la lucha, conocer la historia nos permitirá saber de dónde venimos, quiénes somos y hacia dónde nos dirigimos; además, siempre fue claro y sincero con el pueblo; en un importante discurso (los suyos todos los fueron) de los primeros días del triunfo revolucionario expresó: “Algunos creen que ahora todo será más fácil, lo cierto es que a partir de ahora todo será más difícil”; y así ha sido, 60 años de constante batallar contra la potencia hegemónica más poderosa del siglo pasado y lo que va de este. Para resistir, en la Historia, o para mejor decir, en interpretar la historia como debe hacer un revolucionario, está el secreto.
Solo me voy a referir a algunos hitos significativos de nuestra historia-patria, hechos, sucesos o procesos en los que nuestro pueblo, con sus líderes al frente en cada momento, demostró que por complejas y adversas que fueran las circunstancias, había que tener confianza y fe en la validez y fuerza de las ideas que defendíamos, aferrarse a la idea martiana de que “No hay proa que taje una nube de ideas”. Sigamos, para que sea más fácil, un orden cronológico.
Cuando los conquistadores peninsulares enfrentaron con las armas a grupos de indígenas que se sublevaron ante la crueldad y explotación a que eran sometidos, uno de sus líderes principales en la región oriental fue capturado y condenado a morir en la hoguera, ante el propuesta de un párroco de que renegara de sus ideas a cambio de que fuera perdonado por Dios y pudiera ir al cielo, le interpeló a su interlocutor: es adonde van ustedes a su muerte, ante la respuesta afirmativa, respondió seguro y enérgico: pues yo no quiero ir al cielo. Es parte de nuestros mitos más entrañables.
En agosto de 1762, durante la Guerra de los Siete Años, la Corona Británica decide apoderarse de la capital de la isla de Cuba y envía a una poderosa flota, y cuando las tropas españolas decidieron no seguir resistiendo, las milicias formadas por los criollos liderados por el guanabacoense Pepe Antonio, que usando en lo fundamental armas blancas, ofrecieron tenaz resistencia a los invasores, y solo por los celos que levantaron en el frustrado Gobernador de la isla, este lo mandó llamar y retiró del combate; de esta forma cayó la Habana en poder de los ingleses.
En 1868, cuando se produjo el levantamiento en armas al mando de Carlos Manuel de Céspedes, y después de los primeros enfrentamientos con las tropas españolas, esta villa fue testigo de la primera interpretación pública de nuestro Himno de Guerra, hoy Himno Nacional, y fue escogida como la capital de la República en Armas; en enero de 1869, ante el asedio del ejército español, sus habitantes prefirieron incendiarla antes que entregarla al enemigo, una muestra de entereza y dignidad que ha pasado de una generación a otra.
Durante la contienda del 68, primera Guerra por nuestra Independencia, un líder mambí cae en manos de las tropas españolas, Manuel Sanguily, y cuando era trasladado al fuerte ese pundonoroso adalid del Ejército Libertador, Ignacio Agramonte escoge 35 de sus hombres, y en una acción temeraria –casi suicida- arremete contra la columna española y rescata al Brigadier Sanguily, escribiendo así una página gloriosa de nuestra historia y demostrando cuánto valen los soldados de la patria.
En febrero de 1878, el Comité del Cerro, otrora Cámara de Representantes, firman junto al general español Arsenio Martínez-Campos, un documento conocido como el Pacto del Zanjón, que ponía fin a la Guerra de los Diez Años. La respuesta de otros patriotas de la nación no se hizo esperar, manifestando su desacuerdo y la disposición de seguir la lucha; fue así que en marzo del propio año en la localidad de Mangos de Baraguá, situado en el oriente cubano, en las cercanías de la ciudad de Santiago de Cuba, se llevó a cabo una reunión entre el general español Arsenio Martínez-Campos y el general cubano Antonio Maceo; en el lugar, el Titán de Bronce expresó que los cubanos allí reunidos no estaban de acuerdo con lo pactado en el Zanjón, y que no se someterían a un pacto indigno que no respondía a las aspiraciones de los cubanos: no queremos una paz sin independencia; la más grande expresión de dignidad e indobleguez de los cubanos, que 122 años después, y en la gloriosa arboleda oriental, diera lugar al Juramento de Baraguá como respuesta patriótica ante las leyes y acciones imperiales contra nuestra patria e inspirados y comprometidos con la lucha iniciada en diciembre de 1999 por el regreso a su casa, y a su familia, del niño de seis años Elián González Brotons, secuestrado en Miami por familiares de su mamá y por miembros de la mafia anticubana después de un desastroso naufragio en una salida ilegal de Cuba.
Setenta y ocho años después de la digna protesta protagonizada por Antonio Maceo, en otra de las acciones que dieron continuidad al proceso revolucionario nacido en 1868, se produce el Desembarco del Granma en la región oriental de la isl. Con atrasos por las inclemencias del tiempo y perdidos en la zona de arribo, son sorprendidos por las tropas de la dictadura y el desigual combate obliga a las tropas a dispersarse en una zona desconocida, algunos son capturados, otros mueren en combate y otros quedan perdidos en las estribaciones de las montañas; ayudados por campesinos, algunos de estos grupos se reencuentran en un lugar conocido como Cinco Palmas, quiso el destino o la suerte que allí estuvieran Fidel y Raúl, y al saber el primero cuántos hombres se habían reunido y la cantidad de armas con que contaban, expresó eufórico: ¡Ahora sí ganamos la guerra! Esa convicción le penetró a cada soldado por los poros, y sobre todo, se asentó en la mente.
Después de 25 meses de resistencia y duros combates en la sierra y en el llano, de rendir cuarteles de la dictadura, de sumar campesinos y obreros al Ejército Rebelde; después de una hazaña militar como la contienda dirigida por los Comandantes Camilo Cienfuegos y Ernesto Che Guevara en la Invasión hacia Occidente, la Caravana de la Libertad recorre toda la nación, y con Fidel Castro al frente, entra victoriosa en la Habana. Solo 26 meses habían transcurrido del Triunfo de la Revolución y ya el imperialismo preparaba una acción de gran envergadura para derrotarla; es así que el 15 abril de 1961 se produce el bombardeo a los aeropuertos militares de Ciudad Libertad, San Antonio de los Baños y el aeródromo Antonio Maceo de Santiago de Cuba, con el propósito de aniquilar la incipiente fuerza área de la Revolución y hacer más eficaz el desembarco preparado para días después. En la despedida de duelo a las víctimas de tan abominables y arteros ataques, Fidel pronuncia por vez primera la consigna patriótica de ¡Patria o Muerte!, asimilada e incorporada por todo el pueblo revolucionario, desde entonces y hasta hoy.
Posterior al rotundo fracaso de la invasión por Playa Girón, al ser derrotados en cerca de 65 horas, en octubre de 1962 se produce la llamada Crisis de los Misiles, o Crisis de Octubre, cuando la inteligencia norteamericana descubre la presencia en Cuba de cohetes nucleares del Ejército Soviético que habían sido trasladados de forma secreta, aun con la oposición del Gobierno cubano, que consideraba que teníamos todo el derecho de hacerlo públicamente. Durante esos terribles días el pueblo de esta pequeña isla caribeña estuvo dispuesto a perecer en una conflagración nuclear sin traicionar sus principios y valores; tal posición llevó al Che a decir en su carta de despedida en 1965: “Pocas veces brilló más alto un estadista que en esos días, me enorgullezco también de haberte seguido sin vacilaciones, identificado con tu manera de pensar y de ver y apreciar los peligros y los principios.”
A finales de 1975 el MPLA (Movimiento Popular de Liberación de Angola), liderado por José Eduardo dos Santos, solicita a la República de Cuba ayuda militar para evitar que las tropas del FNLA (Frente Nacional de Liberación de Angola) y la UNITA (Unión Nacional para la Total Independencia de Angola), contrarios al partido marxista MPLA, se hicieran con el poder político, ganado en las elecciones de ese año, de tal manera se declara el 11 de noviembre Día de la Independencia de Angola y se instaura un gobierno de izquierda. Desde ese momento las tropas militares cubanas estuvieron presentes para defender, junto al Ejército Angolano (FAPLA), la independencia y soberanía de esa nación africana. En esa gran epopeya sobresalen varias batallas y acciones militares, que por su complejidad, carácter e importancia militar, fueron trascendentales, solo quisiera recordar dos de ellas: Cangamba (1983) y Cuito Cuanavale (1987), dirigidas desde Cuba por el Comandante en Jefe, Fidel Castro, quien encontró en la oficialidad cubana en el terreno determinación, inteligencia y heroísmo sin límites para derrotar al enemigo, y de esta manera forzar a Sudáfrica a la mesa de negociaciones, poner fin a los ataques contra Angola y erradicar el apartheid en esa nación. Los restos de nuestros soldados caídos regresaron a la patria en la llamada Operación Tributo en el año 1989 con el cumplimiento de la tarea encargada: garantizar la independencia de Angola.
Años después se produciría, en 1998, un suceso extraordinario, las autoridades de la Seguridad del Estado cubano, en un intercambio con el FBI, le entregan 230 páginas sobre las actividades terroristas contra Cuba, cinco videocasetes con conversaciones e informaciones transmitidas por las cadenas de televisión sobre acciones terroristas contra Cuba y ocho casetes de audio, ascendentes a 2 horas y 40 minutos, sobre conversaciones telefónicas de terroristas centroamericanos con sus mentores en el exterior. El FBI reconoce estar impresionado por la abundancia de pruebas y expone que dará respuesta en dos semanas. Respondió con la detención de cinco cubanos el 12 de septiembre de 1998. Se abría así la causa popular de los Cinco Héroes, campaña que llevó nuevamente al pueblo a gigantescas movilizaciones a lo largo y ancho del país. En uno de esos eventos el compañero Fidel Castro expresó con convicción absoluta: “Solo les digo una cosa, volverán”. Esa premonición, más que eso, esa convicción, se cumplió.
Esas son algunas de las razones por las que no nos rendimos, porque #SomosCuba, #SomosContinuidad#VamosPorMás

Un comentario sobre “¿Por qué no nos rendimos?

  1. Es lo que tiene el pueblo cubano, que conoce su historia y la defiende. La cultura es libertad y el pueblo cubano es de los más cultos, que muchos y muchas cubanos-as salen de Cuba?, sí por la situación económica impuesta por el terrorismo USA. Adelante Cuba ¡hasta la victoria siempre!.

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